Museos
Casa Museo Pablo Neruda
Eladio Sobrino Pablo Neruda
Neruda compró la casa de Isla Negra a un español socialista, viejo capitán de navío retirado, de nombre Eladio Sobrino, que la construía para vivir con su familia. Como la casa estaba a medio hacer, el poeta pudo terminarla a su gusto; continuó la estrecha ala de cemento con un ancho living-room de piedra, en el cual abrió un enorme ventanal que causa el asombro de los arquitectos y entendidos: desde allí pueden verse la playa, el rompiente de olas, el vasto cielo y una larga extensión de costa que va hasta el puerto de San Antonio. Entre el living y el ala de los dormitorios y del comedor hay una alta torre. El piso inferior de la torre está relleno de conchas marinas y allí se encuentra el gran timón de un barco junto a un farol que iluminó alguna callejuela del puerto; en el segundo piso de la torre estuvo el dormitorio del poeta, dormitorio redondo con ventanas de mar, que da a un pasillo que luego se ensancha bajo el tejado y tiene la baranda sobre este segundo piso de la casa se sube por una escala de cordel, como la de los barcos. Junto a ella se encuentra la medusa, enorme mascarón de proa, de madera pintada, que han roído y desteñido los años y la sal de los mares por donde abrió la ruta de su barco. En el extremo opuesto del living, y suspendida de la baranda del segundo piso, está la María celeste, mascarón de proa más pequeño. La María celeste es de lustrosa madera oscura; su rostro, de una dulce e imperiosa belleza. Al construir el living, se respetó una gran roca negra que ahora surge altiva y solitaria en su rincón, rodeada de cactus y de plantas que florecen en la tierra que la circunda. El resto del piso es de baldosa de greda roja. En una de las paredes hay una gran chimenea; frente al ventanal, una larga mesa de madera maciza, a la cual solía sentarse Neruda a escribir o a observar con su catalejo el vuelo de los pájaros. Bueno, y el resto de la casa, deben descubrirla ustedes mismos…

Mascarones

Living de entrada Comedor de la casa
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Casa Museo
Dirección: Camino Vecinal s/n
Fono: 35-461284
Horario de atención
De martes a domingo de 10 a 18 horas.
Tour en español: $3.000 por persona.
Tour en inglés: $3.500 por persona.
Estudiantes y tercera edad con credencial: $1.500 por persona (sólo chilenos, de martes a viernes en día hábil).
SE DEBE HACER RESERVA ANTICIPADAMENTE AL 35-461284
Museo Colonial de El Totoral
Relicario y antiguo órgano de la parroquia Antiguo tocadiscos
El museo de El Totoral exhibe disímiles reliquias, la mayoría de ellas históricas y religiosas, aparte de aparatos de radio de antaño, así como tocadiscos y televisores ya obsoletos. Se guarda allí, incluso, un bello poema de Eduardo Bustos Alister: “El Totoral no es totora, es un paraje escondido, árboles frondosos y altivos sobre la fauna marina… Entre eucaliptos y cipreses El Totoral aparece. Tiene su estrella divina, faro de luz en la iglesia; de La Merced es la Señora de la conquista española”.
Según la historia, los primeros antecedentes de este mágico lugar datan de 1570, año en que la familia española Alonso de Córdova se encandiló con el paisaje. Y se asentaron aquí, pese a las frías noches, zona que entonces se conocía como Huallilemu o Bosque de Robledal. Muchísimos años más tarde pasó a llamarse El Totoral, sin duda por la gran cantidad de totoras existentes en estos terruños.
En 1982 el padre Oscar Cárdenas cura párroco, tomo los objetos de la iglesia antigua con la cual formaron un museo de antigüedades, el cual cuenta actualmente con:
- Misales en latín del año 1904
- Sables
- Baúles de Petra hecho a suela
- Piedra para hacer harina
- Bombas de agua a parafina entre otras cosas
La actual encargada del museo es doña Aramita Cerda García.
Este museo se encuentra frente a la iglesia El Totoral y es de libre acceso al público.